Cuevas de ladrones o madrigueras de zorros

Tercero, otro abuso del lenguaje es la oscuridad afectada, bien aplicando palabras antiguas a significaciones nuevas e inusuales, bien introduciendo términos nuevos y ambiguos, sin definirlos o juntándolos de manera tal que se confunda el significado común.

[…]

Es inevitable que esto ocurra allí donde la erudición de la gente se mida por su capacidad para disputar. Y cuando premios y renombre acompañan los triunfos que dependen sobre todo de las finezas y sutilezas de las palabras, no es extraño que el ingenio de quien se dedique a ello complique, enrede y sutilice la significación de los sonidos para nunca echar en falta qué decir a favor o en contra de cualquier cuestión: pues la victoria se adjudica a quien tenga de su lado no la verdad, sino la última palabra en la disputa.

Aunque sea de lo más inútil, y lo opuesto a la vía que lleva al conocimiento, esta habilidad ha gozado hasta ahora de los loables y estimados nombres de sutileza y agudeza, y se ha granjeado el aplauso de las escuelas y el apoyo de buena parte de los eruditos del mundo. No es de extrañar, pues los filósofos antiguos (esos filósofos polemistas y buscapleitos a los que Luciano ridiculiza con tanta chispa como razón) y más tarde los escolásticos, al aspìrar a la gloria y la estima por su conocimiento vasto y universal, algo mucho más fácil de simular que de adquirir, descubrieron que ese recurso servía para ocultar su ignorancia tras una curiosa e inexplicable red de palabras confusas y procurarse la admiración de los demás con términos ininteligibles, tanto más capaces de producir asombro cuanto menos se comprendían. No obstante, como demuestra la historia, estos profundos doctores no fueron más sabios ni más útiles que sus vecinos, ni reportaron grandes ventajas a la humanidad y a las sociedades en que vivieron, a menos que acuñar nuevas palabras sin producir cosas a que aplicarlas, o mezclar y oscurecer la significación de las viejas para poner todas las cosas en duda y entredicho, sea provechoso para la vida de la gente, o digno de encomio y recompensa.

For, notwithstanding these learned disputants, these all-knowing doctors, it was to the unscholastic statesman that the governments of the world owed their peace, defence, and liberties; and from the illiterate and contemned mechanic (a name of disgrace) that they received the improvements of useful arts. Nevertheless, this artificial ignorance, and learned gibberish, prevailed mightily in these last ages, by the interest and artifice of those who found no easier way to that pitch of authority and dominion they have attained, than by amusing the men of business, and ignorant, with hard words, or employing the ingenious and idle in intricate disputes about unintelligible terms, and holding them perpetually entangled in that endless labyrinth. Además, no hay mejor manera de conseguir entrar en el ámbito de doctrinas extrañas y absurdas ni de defenderlas que cercarlas con legiones de palabras oscuras, dudosas e indefinidas. Con la diferencia de que estas moradas se parecen más a cuevas de ladrones o madrigueras de zorros que a fortalezas de nobles guerreros; y si es difícil sacarlos de allí, no es por la fuerza que tienen sino por los brezos y las espinas y la oscuridad de los matorrales que los rodean. Como la mente humana no acepta lo falso, al absurdo no le queda más defensa que la oscuridad.

Y el miedo.

John Locke, Chapter X of Book III of An Essay Concerning Human Understanding.

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