Aponía y ataraxia

La ética de Epicuro hace del placer el principio y el fin de la vida feliz. Pero el placer de Epicuro es el placer estable que consiste en la simple privación del dolor, no el placer en movimiento que consiste en la alegría y en el júbilo. Por tanto, el máximo placer es la aponía, o total ausencia del dolor, y la ataraxia, o ausencia de toda turbación.

Un tal placer solo puede alcanzarse limitando las necesidades. Las necesidades naturales son imprescindibles cuando se requieren para alcanzar la felicidad o la salud corporal o para la vida misma. Solo estas se deben satisfacer, las otras deben eliminarse. En saber elegir y limitar las necesidades consiste la sabiduría, que es, por tanto, la cosa más necesaria para la vida, y más preciosa que la misma filosofía.

Epicuro admite que la vida feliz incluya la amistad; más aún, exalta este vínculo por sobre todas las cosas. A la amistad permanece extraño quien busca en ella solo el provecho o quien de ella elimina totalmente el provecho: el primero considera a la amistad como un intercambio de ventajas; el segundo destruye la esperanza de ayuda que juega una parte tan importante en ese sentimiento.

En cuanto a la vida política, Epicuro, a diferencia de los estoicos, la desaconseja: «Vive apartado» es una de sus máximas fundamentales.

Abbagnano & Visalberghi , Historia de la pedagogía (1957).

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