Las tentaciones de San Antonio

En primer lugar ( el demonio ) intentó apartarlo de su penitencia susurrándole recuerdos de su riqueza, el afecto por su hermana, el amor al dinero y a la gloria, los variados placeres de la mesa y otras comodidades de la vida y, finalmente, las penalidades de la virtud, sugiriéndole que su cuerpo se pondría enfermo, y la duración de sus sacrificios (…) Incluso una noche adoptó forma de mujer, imitando sus actos, para seducirlo. Y el lugar se llenó de repente de formas de leones, osos, leopardos, toros, serpientes, víboras, escorpiones y lobos, y cada uno de esos animales se movía según su naturaleza. El león rugía, impaciente por atacar, el toro parecía arremeter con los cuernos, la serpiente se contorsionaba pero era incapaz de aproximarse, y el lobo parecía lanzarse pero luego se detenía… Todos los ruidos de aquellas apariciones, con sus alaridos rabiosos, infundían espanto. Porque los demonios saben hacer de todo: parlotean, confunden, se fingen inocentes para engañar a los incautos, producen estrépito, ríen como locos, y silban, pero si no se les presta atención inmediatamente lloran y se lamentan derrotados. Y estaba vigilando de noche cuando el diablo lanzó contra él animales feroces y casi todas las hienas de aquel desierto salieron de sus guaridas y le cercaron, y él estaba en medio de aquellas fieras que intentaban morderle. Al darse cuenta de que era una ilusión del enemigo, dijo a aquellos animales: “Si habéis recibido poder contra mí, estoy dispuesto a dejarme devorar, pero si habéis sido enviados contra mi por los demonios, marchaos porque soy un siervo de Cristo”. Y en cuanto Antonio hubo dicho estas palabras, las bestias huyeron, fustigadas por sus palabras como por un latigazo.

Atanasio de Alejandría (siglo IV), Vida de San Antonio.

(reproducido en Umberto Eco, Historia de la fealdad).

Deleterious and evil

At our last meeting, we considered the healthy-minded temperament, the temperament which has a constitutional incapacity for prolonged suffering, and in which the tendency to see things optimistically is like a water of crystallization in which the individual’s character is set. We saw how this temperament may become the basis for a peculiar type of religion, a religion in which good, even the good of this world’s life, is regarded as the essential thing for a rational being to attend to.

Spinoza’s philosophy has this sort of healthy-mindedness woven into the heart of it, and this has been one secret of its fascination. He whom Reason leads, according to Spinoza, is led altogether by the influence over his mind of good. Knowledge of evil is an “inadequate” knowledge, fit only for slavish minds. So Spinoza categorically condemns repentance. When men make mistakes, he says—

“One might perhaps expect gnawings of conscience and repentance to help to bring them on the right path, and might thereupon conclude (as every one does conclude) that these affections are good things. Yet when we look at the matter closely, we shall find that not only are they not good, but on the contrary deleterious and evil passions. For it is manifest that we can always get along better by reason and love of truth than by worry of conscience and remorse. Harmful are these and evil, inasmuch as they form a particular kind of sadness; and the disadvantages of sadness,” he continues, “I have already proved, and shown that we should strive to keep it from our life. Just so we should endeavor, since uneasiness of conscience and remorse are of this kind of complexion, to flee and shun these states of mind.”

William James, Varieties of Religious Experience.

And what is needed to control you, by the way.

Cuevas de ladrones o madrigueras de zorros

Tercero, otro abuso del lenguaje es la oscuridad afectada, bien aplicando palabras antiguas a significaciones nuevas e inusuales, bien introduciendo términos nuevos y ambiguos, sin definirlos o juntándolos de manera tal que se confunda el significado común.

[…]

Es inevitable que esto ocurra allí donde la erudición de la gente se mida por su capacidad para disputar. Y cuando premios y renombre acompañan los triunfos que dependen sobre todo de las finezas y sutilezas de las palabras, no es extraño que el ingenio de quien se dedique a ello complique, enrede y sutilice la significación de los sonidos para nunca echar en falta qué decir a favor o en contra de cualquier cuestión: pues la victoria se adjudica a quien tenga de su lado no la verdad, sino la última palabra en la disputa.

Aunque sea de lo más inútil, y lo opuesto a la vía que lleva al conocimiento, esta habilidad ha gozado hasta ahora de los loables y estimados nombres de sutileza y agudeza, y se ha granjeado el aplauso de las escuelas y el apoyo de buena parte de los eruditos del mundo. No es de extrañar, pues los filósofos antiguos (esos filósofos polemistas y buscapleitos a los que Luciano ridiculiza con tanta chispa como razón) y más tarde los escolásticos, al aspìrar a la gloria y la estima por su conocimiento vasto y universal, algo mucho más fácil de simular que de adquirir, descubrieron que ese recurso servía para ocultar su ignorancia tras una curiosa e inexplicable red de palabras confusas y procurarse la admiración de los demás con términos ininteligibles, tanto más capaces de producir asombro cuanto menos se comprendían. No obstante, como demuestra la historia, estos profundos doctores no fueron más sabios ni más útiles que sus vecinos, ni reportaron grandes ventajas a la humanidad y a las sociedades en que vivieron, a menos que acuñar nuevas palabras sin producir cosas a que aplicarlas, o mezclar y oscurecer la significación de las viejas para poner todas las cosas en duda y entredicho, sea provechoso para la vida de la gente, o digno de encomio y recompensa.

For, notwithstanding these learned disputants, these all-knowing doctors, it was to the unscholastic statesman that the governments of the world owed their peace, defence, and liberties; and from the illiterate and contemned mechanic (a name of disgrace) that they received the improvements of useful arts. Nevertheless, this artificial ignorance, and learned gibberish, prevailed mightily in these last ages, by the interest and artifice of those who found no easier way to that pitch of authority and dominion they have attained, than by amusing the men of business, and ignorant, with hard words, or employing the ingenious and idle in intricate disputes about unintelligible terms, and holding them perpetually entangled in that endless labyrinth. Además, no hay mejor manera de conseguir entrar en el ámbito de doctrinas extrañas y absurdas ni de defenderlas que cercarlas con legiones de palabras oscuras, dudosas e indefinidas. Con la diferencia de que estas moradas se parecen más a cuevas de ladrones o madrigueras de zorros que a fortalezas de nobles guerreros; y si es difícil sacarlos de allí, no es por la fuerza que tienen sino por los brezos y las espinas y la oscuridad de los matorrales que los rodean. Como la mente humana no acepta lo falso, al absurdo no le queda más defensa que la oscuridad.

Y el miedo.

John Locke, Chapter X of Book III of An Essay Concerning Human Understanding.

Materia oscura política

Jonathan Haidt:

Diré que uno de los síntomas de la desintegración de la democracia es que, poco a poco, las voces más extremas del espectro político dominan el espacio. ¿Eso ocurre aquí? Sí. Mala señal. En Estados Unidos la mayoría de la gente es moderada, pero no está en las redes sociales y ni siquiera vota. Son como materia oscura política. Los que acaparan el debate son los activistas, los que votan en las primarias, los extremistas. Hay que parar ese ciclo.

Cioran:

Si la sensatez ocupa el primer lugar entre los factores de esterilidad, es porque trata de reconciliarnos con el mundo y con nosotros mismos; es la mayor desgracia que puede abatirse sobre nuestros talentos, los hace juiciosos, es decir que los mata, que socava nuestras profundidades, nuestros secretos, persigue aquellas de nuestras cualidades que son felizmente siniestras; la sensatez nos mina, nos hunde, compromete todos nuestros defectos.

Nada estimula tanto como agrandar las naderías, mantener falsas oposiciones y discernir conflictos donde no los hay. Si se resistiera uno a ello, el resultado sería una esterilidad universal.

 

 

You say you want a revolution

There are two ways of changing the world. The utopian way, in which you have a model of a perfect world to which everybody else has to conform with, whatever the price, just because it’s high and right and the ultimately moral society.

Then there is the industrious way, in which instead of directing others to do or don’t do as your model dictates or forbids, you strive to do what others won’t do —invent artifacts, create materials, study black holes in the sky, confront or resist the powers that are, write stories or music, do mathematics, care for others and give them comfort and love, or whatever that creates or helps to create knowledge, wealth, order, justice or beauty —or at least not to do the opposite.

The thing is, what is utopia for the former becomes dystopia for the latter.

 

Rei meu

There’s this guy who is giving a training course at work about how to adapt to change. Then he suddenly stops speaking and contritely, small panic showing up in his countenance and voice, interrupts the class flow, and solemnly says, you know, there are things we could easily talk about in the past but we can’t, shouldn’t now… A moment ago I’ve said something I profoundly regret having said, when in reply to A.’s comment, I’ve said, ‘Si pasa eso, nos tiramos directamente por la ventana’ (If that happens we throw ourselves directly out the window). In speaking so I’ve trivialized… well, I’ve trivialized that big human drama that is suicide. I apologize to you for such disgraceful and utterly disrespectful remark… Can’t even begin to imagine what would someone who has been through the situation I’ve joked about and taken so lightly feel right now… I recant my comment and apologize again.

Of course I went straight to the trainers’ supervisor’s office after the class to tell her to dismiss him immediately and altogether. She showed restraint, that one being his first and only fault until now, she said. So I had no choice but to tell her the whole truth, that over the total of the twelve hours’ course twice or thrice he had failed to use inclusive language.

That was it. He’s no trainer anymore. Good riddance.