Lo que yo te mando

Después de la muerte de Moisés, siervo del Señor, dijo el Señor a Josué, hijo de Nun, ayudante de Moisés: «Moisés, mi siervo, ha muerto. Anda, pasa al Jordán con todo este pueblo, en marcha hacia el país que voy a darles a los hijos de Israel. […] Lo que yo te mando es que tengas valor y seas valiente. No tengas miedo ni te acobardes, que contigo está el Señor, tu Dios, en cualquier cosa que emprendas».

Josué 1, 1~9

El paso del Jordán representa, claro está, la mayoría de edad del pueblo judío. Yahvé se ha comportado hasta entonces como un padre —furibundo, inclemente, airado, cruel, pero también protector, sustentador, instructor, paciente, resignado; con su misión principal cumplida, habiendo acompañado y guiado a su pueblo hasta donde, a partir de entonces, debe seguir solo, atisba ahora la posibilidad del descanso de la (dura) tarea realizada; y sorprende con un consejo final, o quizás con el único consejo posible, con la única orden legítima que un padre puede dar a sus hijos —que tengan valor y que sean valientes, porque si ha sido un buen padre, él va estar siempre con ellos.