Aunque sea un instante

deseamos descansar. Soñamos con dejarnos.

No sé, pero en cualquier lugar

con tal de que la vida deponga sus espinas.

[…]

Se olvida

pronto, se olvida el sudor de tantas noches,

la nerviosa ansiedad que amarga el mejor logro.

 

De En una despedida:

Tardan las cartas y son poco

para decir lo que uno quiere.

Después pasan los años, y la vida

(demasiado confusa para explicar por carta)

nos hará más perdidos.

 

De Amistad a lo largo:

Ahora sí. Pueden alzarse

las gentiles palabras

—esas que ya no dicen cosas—,

flotar ligeramente sobre el aire.

[…]

Detrás de cada uno

vela su casa, el campo, la distancia.

 

De Contra Jaime Gil de Biedma:

¡Oh innoble servidumbre de amar seres humanos,

y la más innoble

que es amarse a sí mismo!

 

De Antes de ser maduro:

Envejecer tiene su gracia.

Es igual que de joven

aprender a bailar, pegarse a un ritmo

más insistente que nuestra inexperiencia.

Y procura también cierto instintivo

placer curioso,

una segunda naturaleza.

Jaime Gil de Biedma, Antología poética.

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