Keep it simple,

Johnson’s attention to precision and clearness in expression was very remarkable. He disapproved of parentheses; and I believe in all his voluminous writings, not half a dozen of them will be found. He never used the phrases the former and the latter, having observed, that they often occasioned obscurity; he therefore contrived to construct his sentences so as not to have occasion for them, and would even rather repeat the same words, in order to avoid them.

Boswell‘s Life of Johnson.

Noise and wrangling without improvement or information

Otro abuso de las palabras, más general, aunque quizás menos observado, estriba en que las personas, al asociarlas a ciertas ideas durante un uso continuo y familiar, tienden a imaginar que existe una conexión tan estrecha y necesaria entre los hombres y el significado que les dan que se precipitan a suponer que uno no puede sino entender lo que ellas quieren decir; y por tanto, que debe aceptar las palabras pronunciadas como si estuviera fuera de toda duda que, en el uso de esos sonidos comunes, el hablante y el oyente han de tener las mismas precisas ideas. Whence presuming, that when they have in discourse used any term, they have thereby, as it were, set before others the very thing they talked of. And so likewise taking the words of others as naturally standing for just what they themselves have been accustomed to apply them to, they never trouble themselves to explain their own, or understand clearly others’ meaning.

From whence commonly proceeds noise, and wrangling, without improvement or information; pues las personas toman las palabras por las marcas constantes y regulares de nociones aceptadas, cuando en verdad no son sino los signos voluntarios e inestables de sus propias ideas. And yet men think it strange, if in discourse, or (where it is often  absolutely necessary) in dispute, one sometimes asks the meaning of their terms: though the arguings one may every day observe in conversation make it evident, that there are few names of complex ideas which any two men use for the same just precise collection.

Or not:

Por lo general, la gente tiene concepciones toscas y confusas a las que aplica las palabras comunes de su lengua, y con ese uso vago se las apaña en sus coloquios o en sus asuntos habituales.

Nor for easy living either:

Pero esto no basta para la investigación filosófica. El saber y el razonamiento requieren ideas precisas y determinadas. Y aunque las personas no quieran ser tan inoportunamente simples como para no entender lo que dicen los demás sin pedir una explicación de sus términos, ni tan molestamente críticos como para corregir a otros el uso de las palabras que reciben de ellos, aun así, en lo que atañe a la verdad y el conocimiento no veo qué problema hay en pedir la explicación de palabras cuyo sentido resulte dudoso, ni por qué una persona debería avergonzarse de admitir su ignorancia del sentido en que otra empleas las palabras, puesto que no tiene otras forma de saberlo sino siendo informada.

And women:

Este abuso de fiarse sin más de las palabras en ningún sitio se ha extendido tanto , ni con efectos tan perjudiciales, como entre los hombres de letras. La multiplicación y persistencia de las disputas que han arrasado el mundo intelectual se deben ni más ni menos que al mal uso de las palabras. Pues aunque por lo general se crea que hay gran diversidad de opiniones en los volúmenes y gran variedad de controversias que distraen el mundo, lo único que me parece que hacen los eruditos de distintos bandos, al polemizar unos con otros, es hablar diferentes idiomas.

John Locke, Chapter X of Book III of An Essay Concerning Human Understanding.

 

Cuevas de ladrones o madrigueras de zorros

Tercero, otro abuso del lenguaje es la oscuridad afectada, bien aplicando palabras antiguas a significaciones nuevas e inusuales, bien introduciendo términos nuevos y ambiguos, sin definirlos o juntándolos de manera tal que se confunda el significado común.

[…]

Es inevitable que esto ocurra allí donde la erudición de la gente se mida por su capacidad para disputar. Y cuando premios y renombre acompañan los triunfos que dependen sobre todo de las finezas y sutilezas de las palabras, no es extraño que el ingenio de quien se dedique a ello complique, enrede y sutilice la significación de los sonidos para nunca echar en falta qué decir a favor o en contra de cualquier cuestión: pues la victoria se adjudica a quien tenga de su lado no la verdad, sino la última palabra en la disputa.

Aunque sea de lo más inútil, y lo opuesto a la vía que lleva al conocimiento, esta habilidad ha gozado hasta ahora de los loables y estimados nombres de sutileza y agudeza, y se ha granjeado el aplauso de las escuelas y el apoyo de buena parte de los eruditos del mundo. No es de extrañar, pues los filósofos antiguos (esos filósofos polemistas y buscapleitos a los que Luciano ridiculiza con tanta chispa como razón) y más tarde los escolásticos, al aspìrar a la gloria y la estima por su conocimiento vasto y universal, algo mucho más fácil de simular que de adquirir, descubrieron que ese recurso servía para ocultar su ignorancia tras una curiosa e inexplicable red de palabras confusas y procurarse la admiración de los demás con términos ininteligibles, tanto más capaces de producir asombro cuanto menos se comprendían. No obstante, como demuestra la historia, estos profundos doctores no fueron más sabios ni más útiles que sus vecinos, ni reportaron grandes ventajas a la humanidad y a las sociedades en que vivieron, a menos que acuñar nuevas palabras sin producir cosas a que aplicarlas, o mezclar y oscurecer la significación de las viejas para poner todas las cosas en duda y entredicho, sea provechoso para la vida de la gente, o digno de encomio y recompensa.

For, notwithstanding these learned disputants, these all-knowing doctors, it was to the unscholastic statesman that the governments of the world owed their peace, defence, and liberties; and from the illiterate and contemned mechanic (a name of disgrace) that they received the improvements of useful arts. Nevertheless, this artificial ignorance, and learned gibberish, prevailed mightily in these last ages, by the interest and artifice of those who found no easier way to that pitch of authority and dominion they have attained, than by amusing the men of business, and ignorant, with hard words, or employing the ingenious and idle in intricate disputes about unintelligible terms, and holding them perpetually entangled in that endless labyrinth. Además, no hay mejor manera de conseguir entrar en el ámbito de doctrinas extrañas y absurdas ni de defenderlas que cercarlas con legiones de palabras oscuras, dudosas e indefinidas. Con la diferencia de que estas moradas se parecen más a cuevas de ladrones o madrigueras de zorros que a fortalezas de nobles guerreros; y si es difícil sacarlos de allí, no es por la fuerza que tienen sino por los brezos y las espinas y la oscuridad de los matorrales que los rodean. Como la mente humana no acepta lo falso, al absurdo no le queda más defensa que la oscuridad.

Y el miedo.

John Locke, Chapter X of Book III of An Essay Concerning Human Understanding.

Plain cheat and abuse

Another great abuse of words is inconstancy in the use of them. It is hard to find a discourse written on any subject, especially of controversy, wherein one shall not observe, if he read with attention, the same words (and those commonly the most material in the discourse, and upon which the argument turns) used sometimes for one collection of simple ideas, and sometimes for another; which is a perfect abuse of language. Words being intended for signs of my ideas, to make them known to others, not by any natural signification, but by a voluntary imposition, it is plain cheat and abuse, when I make them stand sometimes for one thing and sometimes for another; the wilful doing whereof can be imputed to nothing but great folly, or greater dishonesty. And a man, in his accounts with another may, with as much fairness make the characters of numbers stand sometimes for one and sometimes for another collection of units: v.g. this character 3, stand sometimes for three, sometimes for four, and sometimes for eight, as in his discourse or reasoning make the same words stand for different collections of simple ideas. If men should do so in their reckonings, I wonder who would have to do with them? One who would speak thus in the affairs and business of the world, and call 8 sometimes seven, and sometimes nine, as best served his advantage, would presently have clapped upon him, one of the two names men are commonly disgusted with. And yet in arguings and learned contests, the same sort of proceedings passes commonly for wit and learning; but to me it appears a greater dishonesty than the misplacing of counters in the casting up a debt; and the cheat the greater, by how much truth is of greater concernment and value than money.

John Locke, Chapter X of Book III of An Essay Concerning Human Understanding.

Ruidos ininteligibles y jerigonza vacía

Desde la cuna, la gente se acostumbra a aprender palabras —que adquiere y retiene con facilidad— antes de conocer o forjarse las ideas complejas que se les asocian o cuya significación se encuentra en las cosas; muchos siguen haciéndolo toda la vida y, sin molestarse por fijar en la mente determinadas ideas, usan palabras para las nociones inestables y confusas que tienen, contentándose con los mismos términos que emplean los demás, como si un mismo sonido siempre tuviese el mismo significado. Aunque la gente se las arregla en las circunstancias normales de la vida cuando quiere hacerse entender y emplea signos hasta lograrlo, la falta de significación de sus palabras, cuando se pone a razonar sobre sus principios o intereses, llena palmariamente su discurso de ruidos ininteligibles y jerigonza vacía, en especial en lo relativo a las cuestiones morales, donde la mayoría de las palabras, al significar colecciones de ideas arbitrarias y numerosas, que no coexisten regular ni permanentemente en la naturaleza, son con frecuencia puros sonidos, o evocan nociones muy oscuras e inciertas asociadas a ellas. La gente adopta las palabras que oye a sus vecinos; y para no parecer ignorante de lo que estas significan las emplea a sus anchas, sin romperse la cabeza en pos del sentido exacto. Además de comodidad, obtiene de este modo una ventaja: pese que a en su discurso rara vez tiene razón, rara vez puede probarse que se equivoca, porque querer sacar del error a quien no tiene nociones establecidas es como querer echar de su morada a un vagabundo que no tiene domicilio fijo. Creo que es así; y cada cual observará en si mismo y en los demás si tal es el caso o no.

John Locke, Chapter X of Book III of An Essay Concerning Human Understanding.

 

Palabras carentes de ideas claras y distintas

Abuso de las palabras. Además de lidiar con la imperfección natural del lenguaje y la oscuridad y confusión que tanto cuesta evitar en el uso de las palabras, los hombres cometen errores voluntarios y descuidos al comunicarse, que vuelven la significación de los signos aún menos clara y distinta de lo que ha de serlo por naturaleza.

El primer y más palpable abuso de este tipo es usar palabras carentes de ideas claras y distintas; o peor aún, signos que no significan nada. Los hay de dos clases.

I. En todos los idiomas, existen ciertas palabras que, cuando se las examina, demuestran no significar ninguna idea clara y distinta, ni respecto a su origen ni a su uso apropiado. En su mayoría las han introducido las distintas sectas filosóficas y religiosas. Sus autores, o promotores, bien por afectar algo original y fuera del alcance de las percepciones comunes, bien por fundamentar opiniones extrañas u ocultar alguna debilidad de sus hipótesis, rara vez se privan de acuñar palabras nuevas; pero tras examinarlas, puede llamárselas con justicia términos insignificantes. Como al inventarlas no se les asoció ninguna colección determinada de ideas, o como mucho, ideas que sometidas a examen demuestran ser inconsistentes, it is no wonder, if, afterwards, in the vulgar use of the same party, they remain empty sounds, with little or no signification, amongst those who think it enough to have them often in their mouths, as the distinguishing characters of their Church or School, without much troubling their heads to examine what are the precise ideas they stand for. No haré acopio de ejemplos; las lecturas y conversación de cada cual los suministrarán en cantidad.

John Locke, Chapter X of Book III of An Essay Concerning Human Understanding.