Y Resentida, Débil, Perdida, Autoritaria y Mojigata.

En mi vida, el ocho de marzo nació como un día cualquiera. Un año descubrí, con curiosidad, que era el Día de la Mujer Trabajadora. No sé cómo, más tarde se convirtió en el Día de la Mujer, sin más, y me pareció bien, y me sentí orgulloso de formar parte activa de una sociedad que en un día así celebraba haber querido y haber podido conseguir la igualdad, arrinconar el sexismo y reivindicar lo femenino como exactamente igual de bueno que lo masculino.

Ahora se ha convertido en el Día de la Mujer Discriminadora, y el orgullo ha dado paso al desprecio —moral e intelectual.

Y a tener que volver a luchar contra la opresión del sexismo.

Materia oscura política

Jonathan Haidt:

Diré que uno de los síntomas de la desintegración de la democracia es que, poco a poco, las voces más extremas del espectro político dominan el espacio. ¿Eso ocurre aquí? Sí. Mala señal. En Estados Unidos la mayoría de la gente es moderada, pero no está en las redes sociales y ni siquiera vota. Son como materia oscura política. Los que acaparan el debate son los activistas, los que votan en las primarias, los extremistas. Hay que parar ese ciclo.

Cioran:

Si la sensatez ocupa el primer lugar entre los factores de esterilidad, es porque trata de reconciliarnos con el mundo y con nosotros mismos; es la mayor desgracia que puede abatirse sobre nuestros talentos, los hace juiciosos, es decir que los mata, que socava nuestras profundidades, nuestros secretos, persigue aquellas de nuestras cualidades que son felizmente siniestras; la sensatez nos mina, nos hunde, compromete todos nuestros defectos.

Nada estimula tanto como agrandar las naderías, mantener falsas oposiciones y discernir conflictos donde no los hay. Si se resistiera uno a ello, el resultado sería una esterilidad universal.

 

 

Tough call

that of poll voting —wrong if you vote for the winning party, because of the awful politics they’re going to implement thanks to your vote and from which you’ll be responsible no matter how hard you’ll try to convince yourself you aren’t; wrong if you vote for the losing party, because, well, you become a loser yourself with all the features that come along with defeat —remorse, envy, despair; and wrong again if you don’t show up at the polling station, with the accompanying sense of aloofness and the encompassing fruitless and bleak feeling of the cynic.